En 1971, Lotus llevó una turbina de avión a la Fórmula 1. Entregaba 600 caballos de forma constante a las cuatro ruedas, sin necesidad de una caja de cambios convencional.
La turbina Pratt & Whitney
Un motor de 227kg contra la combustión tradicional
El corazón del 56B era la turbina ST6N. Al eliminar pistones, bielas y cigüeñal, Colin Chapman logró un motor extremadamente ligero y compacto. La turbina giraba a 35.000 RPM, entregando un torque masivo que se repartía a las cuatro ruedas mediante un sistema de tracción integral Ferguson.
Sin embargo, esta ventaja técnica escondía un defecto fatal: el retraso de la turbina. Desde que el piloto pisaba el pedal hasta que la turbina generaba empuje, pasaban casi 3 segundos. Esto obligaba a frenar con el pie izquierdo mientras se mantenía el acelerador a fondo para no perder presión.
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vida real?Ver en TikTok▶❤️💬🔗TV@TruckLoreEl Lotus 56B acelerando en Monza. El único F1 que no necesitaba cambios. 🏎️💨 #F1 #Lotus #Engineering
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"En lluvia, el 56B era imbatible. Dave Walker adelantaba autos como si fueran estáticos en Zandvoort."
El Talón de Aquiles
Frenos al rojo vivo y 280 litros de queroseno
Al no tener caja de cambios, el Lotus 56B carecía de freno motor. Toda la fuerza necesaria para detener 600kg a 300km/h recaía en los discos de freno. En circuitos de alta velocidad como Monza, los frenos llegaban a fundirse por el calor acumulado.
Además, la turbina era ineficiente en términos de consumo. Para terminar una carrera, el auto debía cargar casi 300 litros de combustible JP-4 (queroseno de aviación), lo que lo hacía extremadamente pesado y difícil de manejar al inicio de los Grandes Premios.


